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5月16日 Dejame dormirFiona May
Ochenta mundos en un día
Esta luz duele más
si intento comprender
que esta vez ya no habrá
un rincón donde poder
decirte que no
ya no tengo fuerzas para ir hundiendome asi
y si, el tiempo se ha cansado de esperar
que tus labios se encuentren con mi espalda al despertar
una voz como el mar
se derrama por mis pies
cada vez que tú vas
incendiando este lugar
y lo siento pero soy, soy invisible y jamás me vas a descubrir
y si, el tiempo se ha cansado de esperar
que tus labios se encuentren con mi espalda al despertar
Déjame dormir “es una especie de nana, pero cantada por el que está dormido y no quiere despertar, una historia de desamor onírica.” 5月1日 Fake plastic treesRadiohead
The Bends
Aquella tarde la luna bailaba orgullosa agarrada a su sol, quien sonriendo le devolvía ternura en cada figura que dibujaban juntos.
En medio de la danza de luz, ambos se filtraban tímidos entre los resquicios agrietados de una persiana de madera que crujía intermitentemente con el aire impersonal del invierno marchito.
Los hilos de blanco dorado jugaban con revoltosas motas de polvo, dando vida a la estancia vacía, decorando la soledad.
Haciendo vibrar un silencio odiado.Consentido por el ruido.
Sobre la mesa sucía de alimento, un multicolor racimo de pétalos presidía firme aquel hueco abierto en el mundo.
Rojos teñidos de ambar, verdes salpicados por amarillo acuoso , pigmentos albinos, tallos vitales, pálpitos color clorófila...
Hojas entrelazadas creando colores por descubrir, nudos imposibles, maleza individual reemplazada por orden en la unión.
Sinérgia natural, capas de olores, litros de instinto vital junto a una vida arrancada sin permiso.
El conjunto dispar destrozaba la lógica, invocaba un caos generoso y dibujaba armonía sobre la oscura luz que pedía permiso al reflejarse.
Un segundo, minutos, varias horas..días.
Despues de llorar sal contemplando aquella belleza, y sin darle nunca la espalda, cerró la puerta con suavidad.
Evitando que sus lagrimas hicieran álgún ruido que despertara a su flor serena o agitara aquel ramo perfecto.
Pero el dintel gimió y las jambas ahogaron un lamento.
Se alejó despacio, con las manos refugiadas en los bolsillos de la chaqueta de lana y la mochila llena de besos.
Arrastrando los pies desnudos sobre un suelo de arena ignorante de la realidad.
En el equipaje de sus recuerdos, no guardó un detalle que se deslizó escapando a su turbada inquietud.
El amor de sus ojos había evitado observar que el soporte de las plantas estaba vacio.
No había agua que alimentara aquella vida.
Las flores latían solas.
Aquel ramo, era de plástico.
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